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EL UNO VEINTE

CONTENIDO DEL LIBRO.

 

Presentación.

 

1.- Matrimonio arreglado

2.- Creciendo en la orfandad

3.- La fábrica de quesos

4.- El taller mecánico

5.- La primera chuma

6.- El uno veinte

7.- Menospreciado por su padre

8.- La negra Castorina

9.- La dama de sociedad

10.- La trilladora

11.- La misa por televisión

12.-Las viejas lomo de batea

13.- Las Panchitas

14.- El Intoxicado

15.- La puntería

16.- El cocinero

17.- El garrote

18.- La Otavaleña

19.- El juicio

20.- Se extingue la vida

21.- El ocaso del uno veinte

 

 

EL UNO VEINTE.

Presentación.-

Al escuchar el tema de esta novela cualquier persona podría pensar que se trata de un libro de economía o de finanzas antiguas del tiempo de  los devaluados sucres, antes de que   ingrese a nuestro país la dolarización.

La verdad es que hace unos meses atrás, mientras hacia una larga fila para comprar comida preparada, me encontré con un conocido que estaba bordeando los 85 años de edad,  y me conto muchos aspectos de mi familia materna que yo desconocía, pero que siempre me han interesado por la gran cantidad de información que existe por parte de mis  antecesores    y porque como dice el viejo y conocido refrán “los relatos de las personas  mayores son historias muy bien contadas y nunca jamás  olvidadas”.

Esta particular historia del “Uno Veinte” relata la sufrida vida de un muchacho huérfano de madre que ante la ausencia y maltratos de su padre, crece en medio de los vicios, los malos hábitos, la humillación y la pobreza.

Pero también en cada una de las páginas de esta novela se encuentra el humorismo que genera la inocencia de este muchacho que es apodado el “Uno Veinte” por parte de sus amigos, los mismos que disfrutan haciéndolo quedar en ridículo, y dentro de la práctica diaria de nuevos valores nos muestra el maltrato y la agresión de que es víctima un inocente niño que con los avatares de la vida va creciendo con los traumas y complejos que le producen sus mayores.

En definitiva esta es una novela para leerla  en familia y no cometer los errores que aquí cometen sus protagonistas los mismos que pueden dejar graves secuelas de inmadurez y de carencias afectivas.

Sin más preámbulos presento la historia del Uno Veinte, espero que sea de su completo agrado.

 

 

EL AUTOR.

 

CAPITULO N. 1

MATRIMONIO ARREGLADO.

Jorge aquella mañana de enero de 1.930, se había levantado algo preocupado por un extraño sueño que tuvo, presuroso se vistió con su pantalón de gabardina con pinzas y bastas anchas muy bien planchado, su camisa dominguera y su leva tres cuartos, como siempre en su cabeza se colocó su tradicional sombrero, desayuno reforzadamente y prendió su viejo camión de marca Internacional, mientras su empleado de confianza que se llamaba Gonzalo, había empujado la pesada cegadora de granos, pues tenían un contrato de cosechar cebada en un pueblo cercano a la ciudad de Ambato.

Una vez que lograron  subir el pesado armatoste sobre el camión, emprendieron el largo viaje por aquellas vías que eran un verdadero desastre y el viaje duraba aproximadamente unas 10 horas.

Mientras tanto en Ambato don José Palacios fumaba muy nervioso, esperando la llegada de Jorge que había sido contactado vía carta hace varios meses atrás para que realice el trabajo de cosechar la cebada que estaba a punto de perderse, José Palacios tenía dos  hijos Vicente que era todavía un niño y Olga que había cumplido los 15 años de edad y como se acostumbraba en esas épocas, estaba lista para formalizar un compromiso y abandonar el seno familiar y la infortunada muchacha era víctima de ese deseo ferviente de sus apresurados padres, que en cierta forma querían deshacerse de ella.

Bueno con las primeras horas de la noche el vetusto camión de Jorge llegaba al parque de Ambato, el más emocionado fue José, que inmediatamente y de manera muy cordial les saludo y les llevo a su casa, para que se alimenten, descansen y al día siguiente empiecen muy por la mañana sus actividades agrícolas.

 

En la noche y al llegar a la casa, José muy contento le presento a Jorge a su familia y de manera muy especial a su hija Olga, manifestando lo siguiente “querido amigo le presento a mi hija, como Usted puede ver es muy bonita, cocina delicioso como su madre, es muy hacendosa, recién cumplió los 15 años y estoy seguro que sería una excelente esposa para cualquier afortunado. 

 

 

Ante esa sugestiva presentación de la joven muchacha, Jorge tan solo sonrió y Olga no sabía dónde  esconderse de la vergüenza que le había hecho pasar su padre, que parecía que la estaba vendiendo.

 

Pasaron los días y Olga siempre llevaba la comida a los trabajadores, pero de manera particular al dueño de la cegadora, ósea a Jorge en vista de que su padre y su madre, se obstinaban en hacerla casar y que mejor partido que él.

 

Termino la época de la cosecha y venia tiempo de hacer las cuentas del trabajo realizado, pero José de manera muy hábil organizo una comilona y prácticamente le entrego en bandeja de plata a su hija Olga, en seguida arreglaron el matrimonio con Jorge, el mismo que al sentirse como parte de la familia, les hizo un precio especial por el trabajo realizado.

 

Sin ni siquiera ser consultada la interesada, se armó el matrimonio y la fiesta y Jorge regreso a Cayambe con algo de dinero y con esposa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO N. 2

 

CRECIENDO EN LA ORFANDAD.

 

Es bien conocido que las cosas al apuro siempre resultan mal, y esto es lo que paso con el accidentado matrimonio de Jorge y Olga, que sin ni siquiera conocerse con anterioridad, se casaron y al menos en el caso de esta última, arruino su vida con un hombre, terco, grosero, bastante avaro y para colmo mujeriego.

 

Como fruto de este matrimonio nacieron tres hijos, un varón que era el primogénito de Jorge que le pusieron de nombre Rolando y dos mujercitas de nombres Susana y Carmen.

 

Estos niños desde pequeños sufrieron la soledad y el abandono, pues al nacimiento de Carmen la última hija, Olga falleció  durante las labores de parto, su corazón no resistió en vista de que tenía una válvula mitral en mal estado, esto sumado al sufrimiento y padecimiento que vivía con Jorge, fue el detonante de su deceso.

 

A la muerte de Olga, estos tres pequeños fueron recogidos por compasión por sus abuelos paternos; Mariana y Alberto que se dedicaban a la elaboración de quesos.

 

Jorge en cambio se desentendió completamente de sus pequeños hijos y continuo su vida normal, con su trabajo en las cegadoras y tractores,  y pretendiendo a cuanta mujer  que se le cruzaba por el camino.

 

La vida de los pequeños fue muy triste, a pesar de los cuidados de sus abuelos, ellos nunca pudieron superar las atenciones y cariños de una madre, y la más afectada fue la pequeña Carmen que lloraba todas las noches, sin tener quien la amamante y su abuela tuvo que acostumbrarle a dar la leche de vaca, pero el pequeño estomago de la niña no resistía este alimento y le provocaba cólicos muy fuertes.

 

A otro que le afectaba grandemente la ausencia de su madre y su padre era a Rolando, que a pesar de ser el más grande, sentía la soledad y los maltratos de su abuelo y estaba creciendo con los traumas que genera la orfandad, es decir era un niño retraído, inquieto y nervioso.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO N. 3

 

LA FABRICA DE QUESOS.

 

El cantón Cayambe desde sus inicios siempre se ha caracterizado por una floreciente industria láctea y ganadera, y precisamente las parroquias de Ayora y Olmedo eran las que proveían de leche de buena calidad para la elaboración de los quesos de la fábrica del abuelo Alberto.

 

Todas las mañanas cuando los gallos empezaban a cantar, llegaban los tarros de leche a lomo de mulas y caballos y dejaban a la puerta de la vieja casona ubicada en la Calle Rocafuerte e Independencia que en esas épocas era empedrada y no habían muchos autos, mejor dicho solo los adinerados poseían medios de transporte.

 

Los indígenas que bajaban con la leche para la fábrica, sabían de la honradez y seriedad de Alberto, que les pagaba cada quincena el valor de la materia prima.

 

Alberto al no tener ayudantes que le colaboren en el procesamiento de los quesos, aprovecho los servicios gratuitos del pequeño Rolando que tenía unos ocho años de edad y por ende era débil, perezoso y retraído,  por tal motivo siempre fue maltratado por su encolerizado abuelo.

 

Pero en definitiva Rolando en lugar de ser una ayuda, se había convertido en un problema, pues hacia quemar la leche, a veces se tropezaba cargando los pesados tarros y derramaba todo al piso, o en ocasiones por su descuido se dañaba toda la producción.

 

Alberto al ver que la presencia de su nieto Rolando en la fábrica le  estaba causando más problemas que soluciones, decide encargarle la venta y entrega de los quesos terminados en las pequeñas tiendas del sector, para lo cual le proporciona una vieja bicicleta y un canasto.

 

Pero Rolando como era tan  retraído y para colmo no sabía contar muy bien, entregaba el producto cambiado, daba mal el vuelto y en ocasiones le robaban los quesos con todo canasto, mientras él se dedicaba   al tradicional juego de las bolas o los trompos con los chicos de su edad.

 

Cuando llegaba a la casa sin dinero ni quesos, su furioso abuelo le propinaba unas tremendas palizas que le servían hasta la próxima brutalidad que cometía.

 

Un día salió al reparto de los quesos en la destartalada bicicleta e iba gritando  “quesos, compre los quesos a uno veinte” cuando en eso vio en la calle dos perros amarrados y le llamo tanto la atención que se despreocupo del volante de la bicicleta y se pegó contra  un árbol, volando lejos la canasta con los quesos y él también se cayó al suelo, cuando se recuperó del impacto de la caída, empezó a recoger los quesos llenos de tierra, pero mientras hacía esto, le robaron la bicicleta.

 

Percatándose de la situación y con la certeza de que su abuelo le propinaría una golpiza ejemplarizadora   decide escapar de casa y refugiarse con unos amigos de la calle que había conocido en sus juegos de trompos y bolas.

 

Y  precisamente estos chicos son los  que le empiezan a decir el  Uno Veinte  por lo que vendía los quesos a ese precio y desde ese momento toda apuesta en el juego que hacía o cualquier cuota que le pedían para comer algo, el respondía que solo tenía Uno veinte.

 

 

CAPITULO N. 4

 

EL TALLER MECANICO.

 

Habían pasado muchos días y Alberto muy preocupado por la desaparición de Rolando acudió a la casa de Jorge a comunicarle que su hijo luego de haber perdido la bicicleta y toda la producción de quesos, no asomaba por ningún lado.

 

Jorge muy enfadado con la noticia, tomo una vieja banda de caucho que era repuesto  de la cegadora, prendió su vieja camioneta y salió en busca de su retobado retoño.

 

Lo busco por todo el pueblo, incluso en la policía y en el hospital, ya casi perdiendo las esperanzas de hallarlo,  escucho risas de muchachos  que venían  de la antigua plaza dominical, al acercarse vio a un grupo de chicos haraposos y mal hablados que se revolcaban  en la tierra en el tradicional juego de las planchas.

 

Jorge se quedó perplejo  al ver que Rolando era uno de esos canillitas desadaptados, encolerizado alzo su pesada banda y empezó a repartir fuetazos a todo mundo, los amigos de Rolando al ver la furia del hombre salieron despavoridos y Jorge seguía castigando a su pequeño hijo, hasta que le tomo de los pelos y de una patada lo mando al balde de la camioneta.

 

Encendió la misma y salió con destino a su casa donde funcionaba un improvisado taller mecánico, lugar en el cual Jorge reparaba sus cegadoras, cosechadoras y tractores y de vez en cuando los autos de sus conocidos.

 

Al llegar al taller mecánico, Jorge tomo de la oreja a Rolando y lo bajo, le puso frente a una llave de agua, conecto una manguera y le dio un baño de manera muy agresiva.

 

El pobre de Rolando lloraba desconsoladamente, luego le tiro unas ropas viejas que el ya no usaba para que el muchacho se vista, después le insulto por su travesura y le dijo que de allí en adelante se quedaría trabajando con él en el taller mecánico.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO 5

 

LA PRIMERA BORRACHERA.

 

Pasaron los años y Rolando seguía trabajando en el taller mecánico de su indolente padre, quien le saco de la escuela en vista que el chico por sus traumas psicológicos no rendía en los estudios.

 

El trato que recibía por parte de Jorge y el resto de los empleados era muy malo y siempre se burlaban de su falta de habilidad y por las torpezas que cometía,  por lo tanto le encomendaban actividades de bajo perfil, como lavar fierros con gasolina, hacer el aseo del patio, uno que otro mandado, en fin nada difícil o complicado.

 

Su remuneración semanal por ende era demasiado baja y hasta denigrante, es por eso que el pobre de Rolando no cargaba  ni un centavo al bolsillo, pues todo se lo gastaba en el vicio del tabaco, que lo había aprendido de su querido tío Carlos con el que compartía un cuarto en la vieja casona de su Abuelo Alberto, en vista de que Jorge le hacía únicamente trabajar de 6 de la mañana a 7 de la noche y para evitar darle de merendar le mandaba donde su hermano menor que era Carlos el mismo que luego de un fracasado matrimonio estaba solo, y gustoso le dio asilo a su sobrino.

 

 Rolando estaba creciendo y los  compañeros de trabajo del taller mecánico, mejor dicho con los pocos que se llevaba y no se  burlaban de él, los días sábados se organizaban luego de la jornada laboral  a jugar barajas y tomar unas cervezas y en esa ocasión le invitaron a Rolando, pero de manera reservada sin que se entere Jorge.

 

Cuando llegaron a una improvisada cantina, entre todos pusieron el dinero para comprar la jaba de cervezas y cuando le solicitaron a Rolando su aporte, manifestó su conocida frase, solo tengo “uno veinte”, a lo que sus amigos respondieron con una soberana carcajada.

 

Sin embargo de eso se quedaron  bebiendo hasta la madrugada, mientras tanto el preocupado tío Carlos muy nervioso al conocer el temperamento fuerte y agresivo de su hermano Jorge, se atrevió a buscarlo en el taller mecánico, el mismo que al  percatarse de esto salió muy molesto a buscarlo, tenía indicios de donde podía estar.

 

Antes de salir de su habitación, Jorge tomo un palo que tenía forma de cabeza de niño en un extremo, prendió su camioneta y salió presuroso con destino a la cantina.

 

Mientras tanto los amigos de Rolando al percatarse del mal estado del chico en vista de que era su primera borrachera y con el miedo que le tenían a su despiadado patrón, le habían abandonado y la señora de la cantina, le había sacado del lugar, acomodándolo en la vereda.

 

Cuando Jorge paso por el lugar vio a un chumado botado en la vereda y los perros le rondaban, paro su vehículo, cogió su palo y se bajó furioso,   al percatarse que se trataba de su hijo, le propino una senda paliza en el suelo y luego le subió al balde de la camioneta y le fue a dejar donde su tío Carlos, el mismo que al verle chumado y golpeado, se asustó mucho, luego de la impresión lo baño y le curo sus heridas y le dejo dormir hasta el día Domingo por la tarde.

 

 

 

 

 

 

CAPITULO 6

 

EL UNO VEINTE.

 

Ese día domingo Rolando durmió como pagado hasta horas de la tarde, el olor a cigarrillo y a chumado inundaba el viejo cuarto de la casona donde no existía ventanas, Carlos fumaba como chino mientras cernía la leche en un calzoncillo viejo que le servía como  cedazo, estaba queriendo prepararle un café a su trasnochado sobrino.

 

Con los movimientos en la cocina y el ruido que generaba, Rolando se despertó muy adolorido de los garrotazos que le había propinado su padre, lo primero que dijo es “donde estoy”, a lo que Carlos respondió, está en el cuarto conmigo Rolandito no se preocupe le estoy preparando un cafecito en leche con pan y queso, para que se recupere pronto, vera que mañana tiene que ir a trabajar.

 

Carlos trabajaba transportando leche a la fábrica Gonzales, por tal motivo nunca le faltaban los productos lácteos, aparte de eso era muy consentidor con su sobrino, que en algo paleaba la soledad que le había dejado su reciente divorcio y la separación de sus dos hijos.

 

Bueno termino ese fin de  semana y el día lunes muy por la mañana, Jorge fue a buscar a Rolando para seguirlo haciendo trabajar como esclavo y en medio de insultos y golpes continuaba la vida de estos dos personajes.

 

Pero Rolando que había probado el licor y sus consecuencias, lejos de separarse de él,  se hizo  cada vez más   devoto y semanero, sin importar los efectos del chuchaqui y las golpizas que le propinaba su padre.

 

Su apodo del “Uno Veinte” se hizo cada vez más famoso en cada una de las borracheras que se pegaba con sus amigotes, los mismos que disfrutaban la ingenuidad y los chistes de Rolando que cuando estaba bajo el efecto del alcohol era muy gracioso y ocurrido.

 

Prácticamente se podría decir que las reuniones de fin de semana con sus amigos y el chupe era lo único que le motivaba a Rolando a sentirse vivo y realizado y olvidar el maltrato y la vejación de su despiadado padre.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO 7

 

MENOSPRESIADO POR SU PADRE.

 

Las  borracheras de Rolando eran todos los fines de semana y a sus 18 años de edad ya era un alcohólico, ni el miedo que le inspiraba su padre con las palizas que le proporcionaba, podían frenar el ímpetu de seguir bebiendo.

 

Jorge por su parte demostraba el menosprecio que sentía por su hijo dándole epítetos como el mudo, el vago, el borracho, el inútil, y como la psicología actual dice,  este tipo de calificativos repetidos en todo momento causaran su efecto y la persona  se convertirá en lo que le dicen.

 

Pues esta premisa se estaba cumpliendo con el infortunado Rolando que se iba   convirtiendo en un inútil, bueno para nada y que incluso los mandados y actividades de menor relevancia las estaba cumpliendo muy mal.

 

Tanto así que ante la falta de empleados en el taller mecánico, un día le pidieron a Rolando que maneje el volante de un auto apagado hasta subirle a la plataforma, y el nervioso y atarantado muchacho, no pudo hacerlo y provoco que el auto caiga pesadamente al piso, Jorge enfurecido le propino una golpiza y le baño en medio de la burla de sus compañeros.

 

 

Todo esto género más traumas   emocionales en la mentalidad del desafortunado Rolando y fue motivo de burlas y humillaciones de los demás empleados del taller, sobre todo de Gonzalo que era un indígena de esos alzados, brazo derecho de Jorge, que en lugar de verle como un empleado lo veía y lo estimaba más que a un hijo.

 

Rolando al ver la preferencia que sentía Jorge por Gonzalo alimentaba más sus frustraciones y el único consuelo que le quedaba  es que estaba cerca el fin de semana y podría reunirse con sus amigos que le hacían embriagarse con uno veinte.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO 8

 

LA NEGRA CASTORINA.

 

Rolando cuando no alcanzaba al cafecito en leche que preparaba su tío Carlos en la noche y sobre todo si tenía algo  de dinero, bajaba a merendar en un tradicional salón que se conserva hasta la actualidad en la Av. Natalia Jarrín que era propiedad de la familia Meza.

 

Bueno en este salón trabajaba como mesera una afro ecuatoriana de contextura gruesa, pómulos salientes y de una pronunciada bemba que se llamaba Castorina.

 

Rolando y Castorina habían iniciado una buena amistad e incluso esta última le fiaba la comida cuando no tenía dinero, pero esta particular amistad fue cambiando a medida de que en los días libres de Castorina, salía con Rolando y andaban abrazados por todo lado, lo que llamaba la atención por lo desigual de esa pareja, Rolando era blanco, flaco y pequeño, mientras tanto que Castorina era negra, grandota y obesa.

 

Muchos de los amigos y conocidos de Jorge le comentaron de la particular pareja de su hijo, razón por la cual Rolando fue golpeado por su padre, según el por hacerle quedar mal al meterse con una negra que parecía gorila.

 

Pero nada impedía el romance de esta inusual pareja, siempre andaban juntos abrazados o tomados de la mano el conocido “Uno Veinte” y la “Negra Castorina”, lo bueno de esta relación era que al  menos  Rolando había dejado por un tiempo la borrachera y sus amigotes le empezaban a echar de menos, porque no tenían a quien hacerle sus bromas pesadas y que les haga reír con su ingenuidad.

 

Pero como se dice ninguna felicidad es eterna y el maloso de Jorge aprovecho la amistad que tenía con la familia Meza que eran los patrones de Castorina  y consiguió que la despidan y que rieguen la información que la negra es ladrona para que nadie le de trabajo y ella se regrese a su tradicional Esmeraldas.

 

Pues la infamia de Jorge tubo buenos resultados Y Rolando se quedó sin  su primer amor, su amada negra Castorina y se refugió nuevamente en la bebida para ahogar su despecho y frustración.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO 9

 

LA DAMA DE SOCIEDAD.

 

Bien se dice, que todo lo malo que se hace en esta vida en esta mismo se paga y que el infierno está cerca de nosotros, esta sentencia estaba a punto de cumplirse con Jorge.

 

Por motivos de trabajo Jorge fue a una hacienda cercana a la ciudad de Quito a cumplir el contrato de cosechar 10 hectáreas de trigo y se trasladó con sus maquinarias y su gente.

 

En esa hacienda estaba de visita una sobrina de los dueños, una chica muy bonita de tez blanca y pelo rubio, pero de un carácter muy osco y demasiado presumida, es decir toda una damita de la sociedad Quiteña de esas épocas.

 

Esta chica se llamaba Lilian y aunque la situación económica de sus padres no era buena, le gustaba darse los aires de grandeza y menospreciar a los demás y le encantaba visitar la hacienda de sus tíos que si eran adinerados, pero gracias a su trabajo.

 

Bueno en definitiva Lilian andaba media aburrida en la inmensa hacienda y ese día decidió ponerse botas y pantalón y salir a ver como realizaban los trabajos de cosecha del trigo, el ruido de las maquinas cosechadoras era muy fuerte y cuando estaba a punto de retirarse se percató de la presencia de Jorge   que para ser un hombre de pueblo, era muy apuesto y vestía elegante, de manera algo coqueta Lilian deja caer al piso su fino pañuelo, y Jorge presuroso se acerca  lo recoge y le entrega a lo que la chica le da una sonrisa.

 

Es así como empieza esta inusual y conflictiva relación que sería una maldición en la vida de este hombre.

 

La dama de sociedad desde el principio saco sus afiladas uñas y marco su territorio, incluso avergonzándose de la relación que tenía con Jorge y escondiéndolo de su enarbolada familia.

 

Cuando Jorge iba de visita a la casa de su amada Lilian, no le recibían, o lo hacían dormir en el cuarto de los empleados y la fina dama en la madrugada y de manera muy sigilosa se filtraba en aquel cuarto, con mucho escrúpulo y luego de hacerlo bañar, tenían sus relaciones íntimas   y luego de esto se regresaba a su lujosa habitación como que no hubiese pasado nada.

 

Paso el tiempo y Lilian quedo embarazada y entonces su familia con el objetivo de precautelar la honra de la chica le obligaron a casarse con Jorge, pero de muy mala gana y siempre se referían a él con el calificativo del Indio.

 

El mentado matrimonio fue en Cayambe, no asistió nadie de la familia de Lilian, a la semana siguiente Jorge fue a Quito a retirar los teneres de su amada y los padres de Lilian le hicieron golpear con sus empleados y no le dieron nada, pues únicamente le lanzaron por la ventana una vieja bacinica, que según ellos era el único bien que la chica tenia.

 

Al regreso a Cayambe Jorge tuvo que endeudarse en los almacenes para comprar todos los lujos a los que su nueva y exigente esposa estaba acostumbrada. 

 

En definitiva esta relación estuvo siempre marcada por las discusiones, pleitos, ofensas y separaciones, en vista de que la dama de sociedad resulto ser un fiasco y le metía en cada problema a Jorge incluso con los vecinos cercanos con los que Lilian discutía y se metía en juicios y demandas.

 

Y qué decir de las marcadas exigencias y múltiples y costosos pedidos de la dama, los mismos que le estaban dejando en la calle a Jorge.

 

Este matrimonio duró muy poco  tiempo, pero como resultado del mismo nacieron dos hijas mujeres igual de exigentes y encopetadas que su madre, en definitiva Jorge tenía para esa época 5 hijos, tres de su primer matrimonio con Olga y 2 con su adorado tormento que hizo su vida un verdadero infierno que era Lilian.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO 10

 

 

LA TRILLADORA.

 

La mala experiencia que tuvo Jorge con su accidentado matrimonio con Lilian le estaba en algo ablandando el corazón y pensando un poco más en sus primeros hijos que en definitiva eran los únicos que estaban cerca en vista que sus dos hijas estaban en Quito con su madre.

 

Pero más que cariño por sus hijos Jorge estaba pensando la forma de no compartir sus bienes con Lilian la misma que para darle el divorcio le había exigido varias propiedades y Jorge que era muy cuidadoso de sus bienes, pensó que entregando algunos de ellos a su hijo Rolando que ya era mayor de edad, en cierta forma los precautelaba y como sabia de la inocencia e ingenuidad del muchacho así lo hizo, también con la malicia de quitarle luego de que solucione su problema legal.

 

Puso a nombre de Rolando su preciada casa de la Calle 9 de Octubre y una trilladora, según él esta última para que el timorato muchacho empiece a trabajar por su cuenta y se habrá camino en la vida.

 

Rolando en una de sus primeras salidas a trabajar con la trilladora la descompuso en vista de que nunca antes la había manejado y su torpeza e ineptitud era tan marcada que no era capaz de hacerla funcionar.

 

Más bien lo que hizo es conocer a una mujer que le doblaba en años y tenía estrabismo en sus ojos y de apodo le decían la “virola” la misma que había contratado los servicios de la trilladora de Rolando y termino recibiendo los servicios carnales del ingenuo muchacho, y sus amoríos los tenían en las cementeras del trigo y cebada que eran propiedad del padre de esta señora.

 

Como resultado de este fracaso en el mundo laboral, el infortunado Rolando regreso al yugo de su avaro padre que siguió menospreciándolo y maltratándolo por muchos años más.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO 11

 

 

LA MISA POR TELEVISIÓN.

 

Pasaron varios años y al fin Jorge se pudo divorciar de Lilian, pero esta última aprovecho sacándole algunas propiedades en Cayambe, las mismas que inmediatamente fueron vendidas a precio de gallina robada, pues lo único que le interesaba era el dinero y seguir viviendo como niña rica en la capital a costilla de su ex marido.

 

Jorge que era muy avaro al ver esto sufría como un condenado al ver sus amadas propiedades en otras manos, pero confiaba que su tesoro más grande que era su casa donde tenía el taller  mecánico estaba en buenas manos  y que sería muy fácil quitarle al ingenuo de su hijo Rolando.

 

Mientras tanto en el pueblo se corría los rumores del divorcio de Jorge y las malas lenguas comentaban en la esquinas, que al avaro de debe estar creciendo piojos en la cabeza de la pena de la perdida de sus propiedades.

 

También de la manera más burlona  decían que Jorge esta tan sufrido que se ha refugiado en la iglesia para mitigar sus penas, pero como es tan avaro no asistía a misa para no tener que dar la limosna, y que por eso sigue el servicio religioso por televisión, pero cuando es la hora de las limosnas apagaba el televisor.

 

Bien dicen ” en pueblo chico, infierno grande”  los comentarios estaban al orden del día y los chismosos que no le querían a Jorge, en vista de que le tenían envidia por su prosperidad económica estaban felices viendo la desgracia de este hombre.

 

Pero sin embargo el empeño y dedicación que ponía en su trabajo pronto lo haría recuperar sus amadas propiedades y hasta más.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO 12

 

LAS VIEJAS LOMO DE BATEA.

 

Si por algo era conocido Jorge era por cuatro  cosas fundamentales.

1.- Su avaricia

2.- Su tesón en el trabajo

3.- Su don natural para poner sobrenombres o apodos a todo mundo

4.- Sus conquistas amorosas.

 

Pues al ser un hombre que vivía solo, tener una pequeña fortuna y su atractivo físico eran suficientes atributos para que nuestro amigo Jorge sea muy solicitado por las damas del pueblo.

 

Pero con la experiencia funesta de sus dos anteriores matrimonios, él había decidido no volverse a casar, pero tenía algunas mujeres con las que convivía ocasionalmente y a medio tiempo, en vista de que siempre regresaba a dormir en su pequeño cuarto rodeado de repuestos de sus máquinas y   sus armas de fuego con las que espantaba a sus enemigos y ladrones que querían asaltarlo.

 

No faltaban las broncas entre sus damiselas, las mismas que al enterarse de que eran las queridas de este galán de taller mecánico, se daban  de golpes, situación que le causaba mucha gracia y decía de la manera más burlona “estas viejas lomo de batea están locas, allá que se maten entre ellas”.

 

En definitiva no le importaba, pues si una se enojaba, tenía la otra y la otra, organizaba sus bailes y sus chupes en la intimidad de su pequeño cuarto y con pasillos, boleros, pasacalles y santashpas, cachullapis que tocaba su viejo equipo de música, bailaba con sus parejas de turno y libaba hasta el otro día.

 

En definitiva tenía una vida amorosa muy florida y variada y no faltaba alguna vieja lomo de batea celosa  que lo echaba de su alcoba en horas de la madrugada y desde un segundo piso le botaba sus trapitos entre sucios y limpios, los recogía, se vestía y se iba a su cuarto a terminar de dormir o de beber.

 

Esta vida desordenada y bohemia estaba mermando la salud de Jorge y tampoco le daba la calidad moral de reprender a Rolando que vivía de cantina en cantina y se había convertido en un alcohólico consumado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO 13

 

LAS PANCHITAS.

 

La vida está llena de casualidades y Rolando en una de sus borracheras, esta vez con unos amigos del vecino Cantón de Otavalo había conocido a una mujer que le pasaba con algunos años de nombre Francisca y de cariño le decían Panchita, con ella iniciaron una relación amorosa algo incomprensiva en vista de que ella era una maestra de colegio y también estudiante universitaria y Rolando no paso de segundo grado de escuela.

 

En definitiva no tenían nada en común, y lo que se pensaba es que la señorita estaba prácticamente pintando para solterona y aprovecho la ingenuidad de nuestro protagonista, para hacer lo que dice el dicho “Es preferible desvestir borrachos, que quedarse para vestir santos”, pues sería la única explicación de una pareja tan desigual.

 

Pero lo gracioso y anecdótico de este capítulo es que Rolando en Cayambe conoce a otra señorita mayor que él y hermana de una vieja lomo de batea que era novia de su padre Jorge que también se llamaba Francisca o Panchita, con la que también empieza una relación amorosa, la misma que es apoyada por su padre, que le convenía que el par de hermanas estén con él y con su hijo.

 

En definitiva Rolando de no tener ni perro que le ladre, al momento tenía amoríos con la Panchita de Otavalo y la Panchita de Cayambe, y se daba modos de cumplirles a las dos mujeres que estaban sedientas de amor y de algo más.

 

 

Como no le alcanzaba la miseria que ganaba con su padre y tenía que viajar todos los domingos a Otavalo llevándole naranjas a su cuarentona novia, se atrevió a pedir un aumento de sueldo a su avaro padre, el mismo que de manera sorprendente le concedió, pero con la condición que de lunes a viernes  por la noche le acompañe   a la visita de su Jovita que era hermana de la Panchita de Cayambe, mejor dicho padre e hijo hacían los cuartos con las viejas lomo de batea.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO 14

 

EL INTOXICADO.

 

Ni el gran amor de las  Panchitas pudieron lograr el milagro de que Rolando deje la bebida y los efectos en su salud eran muy notorios, registrándose ya severas intoxicaciones alcohólicas que lo llevaban a estar al borde de la muerte, pues convulsionaba como perro envenenado y estiraba la pata y tenía paros  cardiacos.

 

Cuando su atribulado tío Carlos lo veía con estos síntomas de intoxicación se asustaba mucho y no sabía qué hacer,  como último recurso cuando no reaccionaba con sus remedios caseros, llamaba a su hermano Jorge, este subía  con un palo y luego de garrotearlo, lo bañaba en agua helada.

 

Este tipo de brutalidad tenía sus efectos en Rolando, quien le tenía tanto miedo a su desalmado padre que se mejoraba y se quedaba dormido hasta el día siguiente que se despertaba adolorido de todo su cuerpo.

 

Luego de estos penosos acontecimientos y con la intervención de sus amadas Panchitas que le piden llorando que enderece su vida y deje la bebida es que Rolando deja por unos meses su feo vicio.

 

Alejándose un poco de sus amigos viciosos Rolando se refugia en los brazos de su querida Panchita de Otavalo, la misma que está dispuesta   a rescatarle de la bebida y de los maltratos de su padre.

 

Tratando de integrarle en su grupo social pasa  muchas vergüenzas con su amado Rolando el mismo que es un desadaptado y mal educado y no encaja en el enarbolado mundo social de su dulcinea.

 

Pero a pesar de todo,  esta relación continuaba y Rolando se iba encariñando con esta mujer que le daba su atención,  su paciencia  y estaba tratando de sacarle de la ignorancia y la frustración que había tenido toda su vida junto a su despiadado padre.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO 15

 

LA PUNTERIA.

 

Si Rolando era un inútil para las actividades laborales, para los estudios y para entablar nuevas amistades, era muy hábil para hacer bromas y sobre todo para el juego del carnaval con agua y con bombas.

 

Pues desde finales del mes de enero hasta el miércoles de ceniza Rolando se deleitaba mojando a las chicas guapas que pasaban por el taller mecánico de su padre en donde trabajaba.

 

Compraba su fundita de bombas en el bazar más cercano y las tenía infladas con agua en un balde de plástico, cuando pasaba contoneándose su atractiva víctima le dejaba  que avance hasta unos 200 metros de distancia, tomaba su bomba y apuntaba y disparaba llegándole y mojándole justo en la espalda.

 

Luego de este hecho reía y disfrutaba como un niño con juguete nuevo, su risa era muy contagiosa y les causaba mucha gracia a sus compañeros de trabajo, los mismos que le avisaban cuando se acercaba otra chica.

 

Cuando se le terminaban las bombas de agua, sacaba una manguera a presión y de una manera muy salvaje les atacaba a las chicas las mismas que le insultaban y hasta le apedreaban  del coraje.

 

Bueno esta forma salvaje de jugar el carnaval se fue haciendo una mala costumbre en Rolando que incluso empezó a echarles a las chicas aceite quemado, huevos y hasta agua sucia le trajo muchos problemas y demandas y Jorge tuvo que pagar la multa de los daños de su perturbado hijo.

 

Pero cuando Rolando dejo de hacer sus bromas pesadas fue una ocasión que lanzo una pesada bomba a una chica y le llego junto al oído, es decir en el centro del equilibrio de las personas y la pobre muchacha cayo pesadamente al suelo, la gente se amontono  a ver  lo que había pasado, vino la policía, la cruz roja y se llevaron a la infortunada al hospital, y Rolando con las justas alcanzo a esconderse debajo de la cama de su padre y se salvó de ser detenido.

 

Luego de este penoso acontecimiento Rolando dejo de jugar el famoso carnaval por varios años.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO 16

 

 

EL COCINERO.

 

Jorge al vivir solo por varios años y cuando no estaba invitado a la mesa de una de sus queridas de turno, preparaba sus alimentos y lo hacía bastante bien, su especialidad era el seco de chivo que lo preparaba con cerveza y panela.

 

También se encargaban de preparar la comida los muchachos que trabajaban en el taller mecánico,   pero ese día le encargaron que haga el almuerzo a nuestro amigo Rolando, es decir era el flamante cocinero que les iba a deleitar a su padre y compañeros de trabajo con sus dotes culinarios.

 

Muy por la mañana Jorge fue de compras al mercado y trajo pescado para que su atarantado hijo lo prepare mientras él y los  otros trabajadores se fueron a realizar una faena de cosecha en una comunidad cercana.

 

Regresaron a la una de la tarde muy cansados y hambrientos, esperando deleitarse con el exquisito pescado frito.

 

Cuando Rolando los vio, muy nervioso empezó a repartir los platos, y al primer bocado de pescado que Jorge se llevó a la boca sintió un olor muy desagradable y vio que estaba lleno de escamas, cuando lo partió por la mitad vio con mucho escrúpulo que el pescado conservaba sus viseras,  es decir el ingenuo muchacho había freído el pescado sin lavar y destripar.

 

Jorge muy molesto se acercó y le dio   dos patadas diciéndole, “mudo animal, inútil que nos quieres envenenar”, llamo a sus empleados de confianza y salió a comer en un restaurante cercano.

 

Rolando se quedó muy preocupado analizando que había hecho mal y por qué su padre reacciono de esa manera, pobre amigo nunca antes había entrado a la cocina peor aún a preparar pescado frito.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO 17

 

EL GARROTE.

 

Rolando había vuelto al feo vicio de la bebida y de manera más grotesca sin importarle el deterioro de su salud, las palizas de su padre y la amenaza de sus Panchitas de dejarle.

 

La enfermedad del alcoholismo fue más fuerte y Rolando estaba a punto de topar fondo, porque a diferencia de otras ocasiones que era un borracho tranquilo y se retiraba a dormir en el cuarto de su tío Carlos, en estas últimas veces  de volvió agresivo y se daba de puñetes con cualquier persona que se le cruzara.

 

Pero el ingenuo Rolando ni siquiera se imaginó que una noche que estuvo tomando en un conocido salón de la ciudad ubicado en la plaza dominical, cuando se le acabó el dinero de manera muy grosera pidió que le den más cervezas y que su padre pagaba, ante la negativa de la señora vendedora que era de edad avanzada, procedió a empujarla para coger la ansiada bebida de la percha, la pobre mujer cayo pesadamente y del susto grito, para mala suerte de Rolando el grito fue escuchado por un hijo de la vendedora que era cinturón negro de karate.

 

Al ver a su madre en el suelo y con lógico motivo el hombre se indignó y le   propino una golpiza al infortunado Rolando que lo mando inconsciente por varios días al hospital de la localidad.

 

Cuando Rolando recupero el conocimiento vio la figura de su molesto padre, el mismo que de manera por demás displicente le dijo “mudo animal no vez lo que te pasa por andar borracho, dime quien te golpeo de tal forma”.

 

El atribulado Rolando le contó lo sucedido y como era de suponerse omitió algunos detalles y se hizo la victima de este encolerizado hombre.

 

Pasaron algunas semanas de este acontecimiento y el maloso de Jorge estaba planificando su venganza con mucha dedicación pulía un garrote que tenía en la punta  una especie de cabeza humana y que lo había encontrado años atrás en un terreno donde fue a cosechar.

 

Con mucha sutileza le envolvió en papel periódico, llamo a cinco de sus empleados de confianza, prendió su vieja camioneta y cuando estaba listo llamo a Rolando y le dijo” vamos mudo para que te vengues de tu agresor”, efectivamente se parquearon en la esquina del local donde semanas atrás Rolando estuvo bebiendo y cuando aquel hombre salió a votar la basura le cayeron  encima Jorge, Rolando y los cinco empleados, dándole una garrotiza que lo dejaron medio muerto, el garrote con forma de cabeza cumplió su propósito, cuando aquel hombre estuvo votado en el piso Jorge le dijo a Rolando, “mudo bruto ahora si es todo tuyo desquítate”, Rolando de lanzo sobre él y le dio todos los puñetes que pudo.

 

Esta sanguinaria venganza no tuvo efectos legales, pues como era por la madrugada, nadie se enteró ni los vio, pero la reacción de vengarse de Jorge no se sabe si fue por defender a su hijo o para demostrar su fuerza y autoritarismo o como él decía, soy el único que puede garrotearle a este mudo inútil, refiriéndose a su inadaptado hijo.

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO 18

 

LA OTAVALEÑA.

 

Bien dice el dicho “No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”, esto estaba a punto de cumplirse en vista de que luego de la golpiza que le propino el karateca a Rolando y que lo tuvo en estado de inconciencia por varias semanas, su amor del alma la Panchita de Otavalo había decidido jugársela y salvar a su adorado tormento de las garras de su torturador padre y del alcoholismo.

 

Rolando en uno de sus viajes de fin de semana a Otavalo, ya no regreso, se quedó a vivir en la casa de Panchita y como era lógico, a pesar de que esta mujer era bastante mayor y solterona, era muy curuchupa y no podía quedarse así, es por eso que en la misma semana hizo los preparativos para el matrimonio tanto civil y eclesiástico y como era de dinero no escatimo en gastos para el magno acontecimiento.

 

Fue como caerle un balde de agua helada a Jorge cuando su hijo y su futura nuera llegaron a Cayambe, a dejarle  el parte para su matrimonio.

 

La impresión fue tan fuerte que se quedó sin palabras y de manera por lo más mal educada ni siquiera los invito a pasar recibió la invitación y dijo que iba a hacer lo posible por asistir y se despidió grotescamente argumentando que tenía trabajo que cumplir.

 

Panchita que era muy inteligente y observadora se dio cuenta del malestar que le causo a Jorge el matrimonio de Rolando, pero no comento nada y más bien le pidió que le indique la propiedad donde funcionaba el taller mecánico, y así lo hizo, cuando terminaron el recorrido Rolando le converso a Panchita que años atrás, su padre escrituro a su nombre todo lo que habían recorrido.

 

Continuaron repartiendo las invitaciones y subieron por la calle Rocafuerte rumbo a la casa de los abuelos donde vivía  Susana y Carlos que eran tíos, con este último Rolando había compartido el cuarto por varios años y se querían mucho.

 

Con agrado y felicitaciones recibieron los tíos la invitación y manifestaros que gustosos estarían en el matrimonio y auguraron a los novios muchas felicidades.

 

Salieron de la casa de los tíos y tomaron el bus para regresar a Otavalo, Panchita durante todo el viaje iba pensando en lo que le conto Rolando con respecto a la propiedad de la calle 9 de octubre, donde el avaro de Jorge tenía su  taller mecánico.

 

Y lo primero que hizo al llegar a su casa fue llamar por teléfono a un amigo abogado para consultarle sobre este caso, el mismo que le manifestó que Rolando es el dueño absoluto de esa propiedad y que podía reclamar su derecho en cualquier momento.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO 19

 

EL JUICIO.

 

Llego el esperado día del matrimonio de Rolando y Panchita, toda la familia de esta última estaba presente y por la edad avanzada de la novia que tenía más de cuarenta años, todavía les parecía increíble que esta boda se haya realizado.

 

Por el lado del novio en cambio fueron muy pocos familiares y Rolando como era algo desadaptado se encontraba muy nervioso y sentía molestia al usar traje formal.

 

Pasaron las horas de la noche y el gran ausente era Jorge, que no quería asistir al matrimonio de su hijo, pero ante la presión de una de sus mujeres de turno accedió de muy mala manera, encendió su vieja camioneta y salió rumbo a Otavalo, llego casi a la media noche, cuando llego pidió hablar con los novios en privado.

 

Cuando estuvieron los tres en un cuarto alejado del resto de invitados Jorge empezó su discurso lleno de ofensas y sátiras en contra de la pareja de esposos.

 

“Usted cree señora que se lleva la divina pomada, un técnico, un hombre de trabajo, permítame decirle que este mudo animal es un inútil, bueno para nada, come cuando hay, toda la vida le he mantenido y le sacado de problemas, aparte de todo    es alcohólico y enfermo”

 

Al escuchar estas palabras Panchita se indignó y le reclamo  a Jorge diciéndole “cómo es posible   que un padre se exprese así de su hijo, Usted es un mal hombre y  por favor desaloje la reunión, que no es bienvenido”

 

Al ver la discusión Rolando se puso a llorar como un niño, Jorge remato diciendo “algún día  me dará la razón  de lo que digo, mientras tanto que bueno que no es más mi responsabilidad, de aquí en adelante es Usted la que tiene que mantener y lidiar a este mudo vago”.

 

Dichas estas palabras Jorge abandono abruptamente la recepción y se retiró muy molesto a Cayambe.

 

Rolando en cambio continuo llorando y no bastaron los consuelos de Panchita para que se calme, cuando salieron a la fiesta, el novio despechado por las duras palabras que había escuchado de su padre empezó a beber como loco hasta embriagarse, perder el sentido y hacer el primer papelón de su nueva vida de casados, armando bronca a los familiares de su flamante esposa y manteniendo una actitud morbosa frente a las damas que acompañaron a la reunión.

 

Para finalizar este bochornoso acontecimiento termino orinándose y vomitando por todo lado del fino salón de recepciones que Panchita había contratado para el evento.

 

Al día siguiente la vergüenza de Panchita con sus familiares e invitados era tan grande que se encerró en su casa y no quiso recibir la visita de nadie más.

 

Mientras tanto Rolando durmió su rasca todo el día sábado y hasta el domingo por la tarde, cuando despertó tuvo que escuchar los reclamos e insultos de Panchita por su nefasta actitud de la noche del matrimonio.

 

Era lunes inicio de semana y Panchita como se dice vulgarmente “con la sangre en el ojo” por los insultos de Jorge y por la actuación de Rolando, le lleva a este último a rastras donde el amigo abogado que semanas atrás le había consultado del caso de la propiedad de Cayambe que estaba a nombre de Rolando.

 

Al llegar al consultorio jurídico el profesional en mención les dice que para reclamar sus derechos Rolando tiene que demandar a su padre y pedir un juicio de inventario y desalojo de su propiedad, pero el amor, ignorancia, ingenuidad que tenía hace que se niegue a demandar a su padre.

 

Panchita pide conversar a solas con su esposo, el abogado los deja y abandona la sala, cuando se queda la pareja, ella le dice textualmente lo siguiente:

 

“ Rolando Usted accede a demandar al malvado de su padre que toda la vida le ha maltratado y le ha humillado o este matrimonio se acaba y regresa a poder de él, para  que termine de molerle a palos, pero con migo en estas condiciones no se queda”.

 

Ante esta disyuntiva Rolando acepta de mala manera a demandar a su padre e inicia un proceso legal desgastante y engorroso que duraría por varios años.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO 20

 

SE EXTINGUE LA VIDA.

 

Jorge al ver la demanda que había planteado su hijo Rolando donde pedía el desalojo de su propiedad, en seguida no escatimo los gastos y contrato el mejor  bufete de abogados de la ciudad de Quito, era sorprendente que en su avaricia esté dispuesto a defender su amada propiedad a costa de todo.

 

Este juicio fue muy encarnizado y de parte a parte los gastos eran demasiado fuertes y los que se estaban llevando la mejor parte eran los abogados, Jorge sin tener ya más efectivo para gastar tuvo que vender sus tractores y cosechadoras y entregarle una camioneta nueva al lagarto ambicioso de su abogado, Panchita por su parte invirtió todos sus ahorros y joyas para pelear por la propiedad de su querido Rolando, el mismo que  ni trabajaba ni producía nada, más bien se había dedicado al cuidado del jardín, a la crianza de aves de corral y a perseguir y acosar a las inquilinas que vivían en la casa rentera de Panchita.

 

Pasaron los años y el mentado juicio no tenía indicios de solución, más bien Jorge mal aconsejado decidió desheredar a Rolando y negarlo como hijo, situación que lejos de favorecerle le perjudico, en vista de que los jueces estaban empezando a inclinarse por la demanda de Rolando, que en la legalidad era el dueño de dicha propiedad.

 

Jorge cansado, envejecido y enfermo luego de 15 años de un desgastante juicio tuvo que pactar con el abogado de su hijo Rolando y entregarle una fuerte cantidad de dinero como que estuviese comprando la propiedad y poder al fin quedarse en su adorado taller mecánico de la calle 9 de Octubre.

 

Panchita por su parte descontó de ese dinero todo lo que había invertido en el juicio y lo poco que sobro le puso en una cuenta a nombre de su irresponsable y despreocupado esposo.

 

Sin embargo el desgaste físico y emocional le paso factura a Jorge el mismo que desde hace años atrás sufría de presión arterial alta y diabetes, cayendo en un profundo coma diabético que lo llevo a la muerte, ni en los días cercanos a su deceso perdono la acción de Rolando y llevo ese resentimiento a la tumba.

 

Cuando Rolando se enteró de la muerte   de su padre, alcanzo a llegar al cementerio y se lanzó sobre  el féretro llorando y pidiéndole perdón, pero era demasiado tarde, las cosas estaban consumadas, y más bien la actitud del desequilibrado hombre molesto a las otras hijas de Jorge que le hicieron sacar con la policía del cementerio, en vista de que dio uno de sus acostumbrados espectáculos bajo el nefasto efecto del alcohol.

 

Cuando llego a Otavalo lo primero que hizo es reclamarle a su esposa que por la culpa de ella su padre había muerto y sus hermanas le despreciaban haciéndole responsable de tan irreparable pérdida.

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO 21

 

EL OCASO DEL UNO VEINTE.

 

A pesar de las intenciones de Jorge de desheredar a su hijo, esto no se pudo concretar y Rolando recibió como herencia algo de dinero y un vetusto tractor de oruga que era la adoración de nuestro amigo, pero a esta maquinaria pesada nunca le pudo hacer funcionar, peor aún trabajar  y más bien lo tenía como reliquia pagándole el bodegaje en un garaje de la ciudad de Otavalo y todos los días religiosamente iba a limpiarlo, pasarle un trapo y dejarlo brillando, pues era una de las extrañas manías de las que padecía.

 

Otra de sus  manías era comprar botellas de trago, cigarrillos y latas de atún a escondidas de su esposa y colocarlas sobre el tumbado de madera y consumirlas cuando Panchita salía a trabajar.

 

En definitiva Rolando pasaba la vida entre limpiar su viejo tractor de oruga, bebiendo, fumando  y comiendo a escondidas  de su castigadora y vegetariana esposa y también lo más usual proponiendo a las jóvenes y no tan jóvenes inquilinas en pagarles un dólar veinte si accedían a tener sexo con él.

 

Cuando Panchita llegaba de dar sus clases, recién Rolando se hacia el que está limpiando el jardín y alimentando a las avecitas, el resto del tiempo se pasaba en sus extrañas manías.

 

Pasaron los años y esta singular pareja de esposos no tuvieron hijos y más bien adoptaron a un gato que era la adoración de Panchita, la misma que se resigo a vivir con un inútil, bueno para nada y alcohólico, como años atrás le había anticipado su suegro Jorge.

 

La única forma de desahogar la frustración de esta sufrida mujer en su fracasado matrimonio con nuestro amigo “Uno Veinte” era quejarse en público de sus  vicios y mañas con todas las personas que los visitaban.

 

Pero Rolando ni se preocupaba, ni le quitaba el sueño las críticas de su esposa sobre su inusual e infantil comportamiento, más bien se reía como loco.

 

Pasaron los años y la salud de Rolando se fue deteriorando grandemente su vicio al alcohol fue el detonante de varias enfermedades y su abnegada esposa dilapido los ahorros de los dos en hacerlo curar, pero fue inútil, la ancianidad y los cuidados especiales le hicieron  tomar a Panchita la dura decisión  de recluirle en un asilo de ansíanos en la ciudad capital, donde Rolando paso sus últimos días de vida.

 

Panchita se quedó a vivir    sola en aquella inmensa casa que fue el refugio donde vivió con su problemático e inmaduro esposo, pero a pesar de todo debió amarlo demasiado a pesar de sus múltiples traumas, adicciones y manías.

 

La Historia del “Uno Veinte” son vivencias familiares que nos dejan profundas enseñanzas.

 

 

 

FIN.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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